REDES Y PRODUCTIVIDAD EN LA NATURALEZA – CAPÍTULO 2.- La Tierra como factor productivo fundante del valor económico.

REDES Y PRODUCTIVIDAD EN LA NATURALEZA 

ÍNDICE

CAPÍTULO 2

La Tierra como factor productivo fundante del valor económico.

 

Es un lugar común –y no por ello deja de sorprender y resulta incluso enigmático- que toda la variedad de recursos económicos se clasifique en tres grandes grupos concatenados siempre: Tierra, Trabajo y Capital. La riqueza de la variedad está omnipresente en cada uno de los tres grandes grupos clásicos.[1] Al encorsetar todas esas variadísimos realidades en conjuntos homogéneos escondemos su fecunda variedad: la de la Tierra, la variedad del Trabajo y la de los instrumentos de Capital.

En esa clásica tríada de factores de producción quisiera resaltar ahora en primer lugar la importancia de todo aquello que los economistas englobamos en ese primer grupo y reflexionar sobre su contribución básica, peculiar y fundante en la creación y acrecentamiento del valor económico. En Economía es absolutamente primordial referirse siempre de alguna forma a la realidad del Universo como factor productivo fundamental. Es habitual referirse a él con el término Tierra. Conviene detenernos a reflexionar y estudiar qué es lo que englobamos en ese inmenso y poderoso factor productivo[2]. Vayamos a la experiencia.

… el método ‘exacto’ -que yo preferiría denominar ‘aislante’-, recomendado por Menger junto con el método ‘empírico-realista’, no es, en absoluto, puramente especulativo o aempírico, sino que busca y encuentra en la experiencia su sólido fundamento.[3]

Cuando hablamos de Tierra nos referimos a la tierra de superficie con toda la variedad de sus estribaciones y también al subsuelo[4] y al cielo;  a los ríos y a los  mares con toda su inmensidad aún desconocida en tantos aspectos; a las fuerzas naturales, a los vientos, lluvias y a los  demás fenómenos meteorológicos; a los animales y las plantas, a los minerales…etc. Hoy en día ya hay que hablar también de otros planetas a los que poco a poco se puede acceder o al menos conocer. Ya podemos sustituir el término Tierra por el de Universo. Nos referimos en definitiva a todo el reino mineral, vegetal y animal, a todo el reino material universal.  A todo aquello con lo que la humanidad se encuentra en la naturaleza generación tras generación y que no ha sido creado y producido por ella pero que está a su disposición y dominio. 

Prácticamente todas las definiciones de Economía hacen referencia de forma expresa o tácita, directa o indirecta a las realidades materiales[5], y siempre que hablamos de producción[6] de una u otra forma nos estamos refiriendo a bienes materiales o a bienes inmateriales o espirituales  que necesitan de una u otra forma de los materiales[7].

Este proceso, este método, necesario para la supervivencia y la prosperidad del hombre en la tierra, ha sido a menudo ridiculizado como excesiva o exclusivamente «materialista». Pero debe quedar bien en claro que lo que acontece en esta actividad específicamente humana es una fusión de «espíritu» y materia: la mente humana, al utilizar las ideas que ha aprendido, dirige su energía transformadora y remodeladora de la materia por caminos que sustentan y elevan sus necesidades y su vida misma. Al fondo de todo bien «producido», al fondo de toda transformación de los recursos naturales efectuada por el hombre, hay una idea que dirige el esfuerzo, hay una manifestación del espíritu[8].

 Y, así,  aunque la producción hace referencia al valor y se mide muchas veces en unidades monetarias, la interpretación materialista y cuantitativa  siempre está presente en todo lo que afecta a la producción, es decir al crecimiento económico, en tanto en cuanto aumento o disminución de la misma. La lógica decantación materialista también está presente en la interpretación primaria de los recursos. Cuando se hace referencia por ejemplo a la teoría de la producción[9] y a si se utilizan la totalidad de los recursos de un país o algunos permanecen ociosos; cuando hablamos de procesos productivos o de no desperdiciar recursos tan escasos; o cuando nos preguntamos qué producir o con qué métodos de producción se obtienen los distintos bienes; cuando hablamos de fuentes productivas o investigamos la oferta de bienes producidos y cómo se distribuye esa oferta entre los individuos que componen la sociedad siempre nos estamos remitiendo de una u otra forma a ese factor productivo Tierra tan diverso y tan rico en características fundantes del valor económico.

Se puede decir que la Tierra en tanto en cuanto potencia pasiva de los bienes materiales es la causa materio-formal[10] del valor porque la causa material es aquello de lo cual y en lo cual se hace algo. Sin la materia no cabría la posibilidad de producir ni de obtener nada. Las fuerzas de la naturaleza son las auténticamente producti­vas decían los fisiócratas. La humanidad, con su trabajo[11], tan sólo logra transformar la mate­ria, pero nunca puede producirla[12]. La falta de profundización en estos aspectos llevó a un simplismo erróneo de estos aspectos y así,  para algunos autores, la agricultura se constituía en el primordial sector de actividad productiva en todo el sistema económico[13].

Pese al reduccionismo de la teoría del valor fisiocrática, su insis­tencia en la productividad innata de los recursos naturales dejó cons­tancia de su importancia como causa material del valor en el resto del pensamiento económico. Aunque otras teorías resaltaron la rele­vancia del valor-trabajo o las teorías del uso la importancia de las finalidades subjetivas en la consideración del valor, siempre quedó latente[14] la verdad parcial de que el valor de las cosas tiene una refe­rencia imprescindible a los recursos naturales[15] como fuente gratuita originaria del valor económico[16].

El valor económico está de alguna forma inserto en el bien, necesita esos bienes para que las valoraciones  que se hacen sobre ellos no tengan una existencia meramente ficticia[17] sino que tengan una entidad capaz de surtir los efectos que pretendemos y que pensamos que nos servirán. Los valores  económicos de verdad – los que en la vida práctica nos interesan- no permanecen flotando en el ambiente[18] . Esos serían o son meramente virtuales e imaginarios. Locuras del momento. Las realidades materiales englobadas en el factor Tierra  tienen una potencia pasiva[19] en la que se apoya la relación real del valor.

 (La necesidad radical de los recursos naturales se fundamenta en que la materia, por ser posibilidad, es decir potencia, resulta ser algo inacabado e  indefinido y por lo tanto  abierto a distintas alternativas de nuevos productos. Esa indeterminación se acaba cuando el hombre, con su trabajo y en uso de su libertad y ejercitando su racionalidad actúa sobre una de esas posibles realizaciones. Quiere ello decir que a lo largo de todo el proceso de producción podemos transformar los productos pero no podemos crearlos. Necesitamos  produc­tos que ya sean. Hay una característica fundamental de los recursos naturales que no les ha sido dada por el hombre y que éste la necesita siempre para crear valor económico. Esa característica es su rea­lidad, esto es: su ser[20]. Esa realidad no se la puede dar el ser humano pero para él es absolutamente imprescindible.)

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(Por ser el valor una relación real, no imaginada, no solamente pensada, la materia es causa, aunque pasiva, del valor económico. Para producir un efecto material se necesita siempre contar con una materia en la que ese efecto preexista de algún modo. Es el sujeto que permanece a través de todos los cambios recibiendo en sí las formas que dan origen a las diversas realidades materiales. Es pura potencia pasiva, desprovista de toda actividad, incapaz de subsistir si no es actualizada. Es absolutamente indeterminada, y por eso pue­de entrar a formar parte de un sinfín de seres materiales en cada uno de los cuales obtiene una configuración diversa.

Pero ese principio o causa de todos los entes materiales siempre lo encontramos unido a alguna forma que lo configura. Esas formas son causas con respecto a su materia. El hombre se encuentra con sustancias materia-formales diversas que son a su vez causas materia­les de otras. El proceso de transformación de unas realidades materio-formales en otras, ordenado y coordinado sobre la base del acrecentamiento de su valor, de su utilidad, de su humanización, tiene como causa material[21] los recursos que el hombre se encuentra gratui­tamente en la naturaleza[22] sin su intervención. A este conjunto de recursos naturales es a lo que llamamos factor de producción Tierra. Su papel en la teoría del valor es importante, pero no exclusivo.)

[1] Suelo, trabajo y capital son bienes de producción complementarios. Su precio, o lo que es lo mismo, la cuantía de la renta, del salario y de los intereses del capital, resulta sencillamente de la combinación de las leyes que rigen el valor de los bienes de producción, por un lado, y de los bienes complementarios, por otro. Von Böhm-Bawerk, Eugen. Ensayos de Teoría Económica, Volumen I, La Teoría Económica. Unión Editorial – Madrid, 1999, pág. 222.

[2] El hombre estudia el mundo examinando cosas, identificando clases de cosas similares que clasifica en categorías según su naturaleza y propiedades características. Si vemos un gato que se acerca por la calle, podemos de inmediato incluirlo en el conjunto de cosas, o animales, llamado «gatos», cuya naturaleza ya ha sido descubierta y analizada previamente. Rothbard, Murray N., Historia del pensamiento económico. Vol. I. El pensamiento económico hasta Adam Smith, (Madrid: Unión editorial, 1999), p. 32

[3] Von Böhm-Bawerk, Eugen. Ensayos de Teoría Económica, Volumen I, La Teoría Económica. Unión Editorial – Madrid, 1999, pág. 209.

[4] El hombre ha podido acelerar el crecimiento material gracias a la conquista y explotación del subsuelo. La base de las actividades hu­manas, que anteriormente se limitaba al suelo como fuente de las fuerzas biológicas, se ha ampliado y potenciado. La insistencia fisio­crática en la tierra como único sector auténticamente productivo am­pliaba su campo de acción. La actividad agrícola era la única activi­dad productiva, porque era la única en que el producto obtenido era muy superior al equivalente del trabajo humano invertido gracias al concurso gratuito de las fuerzas naturales. En nuestra civilización, no sólo los agricultores, sino los obreros y artesanos de la industria y también el sector servicios, trabajan con la colaboración gratuita de fuerzas extraídas de  la  naturaleza,  del  subsuelo en vez del suelo, de la materia inerte, más que de la biológica, de la materia inanimada antes latente y desconocida y ahora activada. Gracias a la mayor contribución de la causa material, la productividad se ha ampliado notablemente. Las actividades industriales y de servicios se han he­cho productivas, en el sentido fisiocrático, gracias a la intervención de los dones gratuitos de la naturaleza. 52-53

[5] Lowe afirmaba en 1965 que La Economía atiende a la provisión de los medios materiales.Marshall  en sus Principios de Economía definía la Economía como el estudio de las actividades del hombre en los actos corrientes de la vida; examina aquella parte de la acción individual y social que está íntimamente relacionada con la consecución y uso de los requisitos materiales del bienestar. Así, pues, es, por una parte, un estudio de la riqueza, y, por otra -siendo ésta la más importante-, un aspecto del estudio del hombre. Robbins por su parte, en Un ensayo sobre la naturaleza y significación de  la ciencia económica la definió como la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos.  Hoffner, insistiendo en el para qué, en los fines, la definía como el conjunto de instituciones y procedimientos para cubrir de modo ordenado, duradero y seguro las necesidades humanas de bienes y servicios escasos, que posibilitan al individuo y a las unidades sociales el desarrollo exigido por la naturaleza del hombre, en cuanto ser individual y social.

 [6] Crusoe debe producir antes de poder consumir. Sólo respetando esta secuencia le es posible el consumo. En este proceso de producción, de transformación, el hombre moldea y modifica el entorno natural para sus propios fines, en lugar de verse simplemente determinado, como los animales, por este entorno. Murray N. Rothbard, La ética de la libertad Pág. 61.

[7] Podemos decir que todo producto terminado tiene una depen­dencia de los semiterminados y éstos de los originarios no produci­dos. El factor tierra, los recursos naturales no producidos por el hombre, son la causa material de la aparición e incremento del valor económico. Por estar adherido al sujeto origen, el valor tiene una dependencia en cuanto a sus principios intrínsecos constitutivos.

Para alcanzar el producto acabado en términos de valor hay que partir de los recursos naturales, no producidos, pero dispuestos para ser utilizados por el hombre. La tierra es principio potencial pasivo de toda mercancía y por tanto de toda relación real de valor. La tierra contiene en sí los productos terminados como potencia pasiva, como posibilidad de ser, como mera capacidad. La tierra realiza la función de sujeto receptivo de las sucesivas formas de los productos intermedios hasta llegar al final.

[8] Murray N. Rothbard, La ética de la libertad, Pág. 62.

[9] «La ilusión de poderes ilimitados, alimentada por los asombrosos adelantos científicos y técnicos, ha producido como consecuencia la ilusión de haber resuelto el problema de la producción. Esta ilusión está basada en la incapacidad para distinguir lo que es renta y lo que es capital, justo donde esta distinción importa más…: allí donde se trata del capital irreemplazable que el hombre no ha creado sino simplemente descubierto y sin el cual nada puede hacer.» Y añade Schumacher: «Uno de los más funestos errores de nuestra época consiste en creer que el problema de la producción se ha resuelto» SCHUMACHER, Lo pequeño es hermoso, Hermann Blume, Madrid 1978, pp.13-14.

[10] Para todo este apartado se puede consultar el capítulo II de Franch, Fundamentos del valor económico, que lleva por título: “La Tierra como causa material del valor”.

[11] Las realidades materiales tienen en sí, en su misma estructura, determinadas capacidades de satisfacer objetivos humanos, determi­nadas idoneidades. La realidad material tiene «vocación» humana, está creada de tal forma que mantiene en su mismo ser una expecta­tiva de humanización, de servicio a los requerimientos de la naturale­za humana. El hombre, con su inteligencia, capta, descubre, esas expectativas y con su actividad, trabajo, las hace realidad.

[12] No es lógico tratar de crecimiento económico haciendo abstrac­ción, como muchas veces se hace, de las condiciones físicas. La con­tinua insistencia teórica sobre el trabajo como fuente del valor consi­gue crear la convicción de que el flujo de bienes depende únicamen­te del trabajo humano, con una perfecta independencia del medio natural. Como mucho, la naturaleza se presenta como terreno de conquista violenta, no de dominio inteligente. Hay que tener en cuenta la variable ecológica en ese dominio sobre lo natural.

[13] Los fisiócratas, con Quesnay y Mirabeau al frente, razonaron so­bre estas premisas afirmando la preponderancia del factor tierra: «De un grano salen varios granos y de una vaca varios terneros, pero de la tela de una camisa no se obtiene más que una camisa, y por lo tanto no hay produit net o excedente». 1

 Si se caía en la tentación de confundir creación física con crea­ción económica, era evidente que la agricultura se convirtiera en el único sector productivo. El  origen  y  la medida del valor de las cosas están en la tierra o en el grano como su producto más esencial. El valor de cualquier cosa se mediría por la cantidad de tierra necesaria para producirla. La agricultura se convierte en piedra angular del Tableau economique de los fisiócratas. A la tierra sólo se le devuelve parte de su producción, es explotada; el excedente sería su «plusva­lía». Sólo el tipo de cambio tecnológico que ahorrará tierra permiti­ría el aumento del excedente.

 La teoría del valor de los fisiócratas es una teoría del valor-tierra. Si aplicamos al Tableau economique las tablas input-output de Leon­tief, la agricultura aparece como el único sector que crea valor añadi­do. La fuente que alimenta y genera el flujo circular de riqueza es la fecundidad de la naturaleza. La industria y todos los procesos de manufacturación fueron considerados como estériles. El valor no era más que la expresión monetaria de la cantidad de materia prima englobada en un producto y cada trabajador no puede añadir al producto más que el valor de los medios de subsistencia por él con­sumidos. 2

 [15] Dice Bertrand de Jouvenel: «La gran mutación que me obsesiona es el tránsito de las fuerzas biológicas a las fuerzas físicas… La materia se consideraba pasiva; pero es esta nueva pasividad  la que se convierte en  nueva fuente de movimiento: una revo­lución en la idea humana de naturaleza.

Ni el ingenio chino ni, más próximo a nosotros, el ingenio italiano del siglo XVI fueron capaces de poner al servicio de su inventiva las fuerzas liberadas de la mate­ria,» (La civilización de la potencia, Editorial Magisterio Español, pp. 20-21).

«La especie humana, que ya poseía la soberanía del reino animal, franqueó los límites que la fuerza biológica ponía a sus proyectos y se lanzó a empresas inauditas para las que creía contar con posibili­dades ilimitadas. Esta desaparición de los límites ha modificado no sólo la existencia y las instituciones humanas,  sino el espíritu, la con­ciencia que la especie humana tiene de sí misma». DE ]OUVENEL, op. cit., p. 31.

[16] El uso inadecuado de los recursos naturales ha resucitado en los últimos tiempos la preponderancia, ya antigua, del factor de produc­ción tierra en la causación del valor. Pero su exacta dimensión pasa por la reflexión del significado que tiene como causa material de la producción.

Ni podemos caer en un desprecio subjetivista que olvida que no basta con meras intenciones, sino que hay que materializar el valor, ni tampoco caer en una exaltación exclusivista que olvide la necesaria contribución de las demás causas del valor.

[17] Algo tiene que poseer en sí el bien para poder ser llamado bien, algo no dado por el hombre cuya necesidad en último término tiende a satisfacer. La idoneidad, la utilidad, el servicio, tiene un fundamen­to en la misma realidad que consideramos. El hombre sólo las descu­bre. Si no fuera así, no cabría distinción entre bienes reales y bienes imaginarios que el mismo Menger define. En los bienes imaginarios sí que es el hombre el que atribuye a la cosa un valor que no tiene realmente. Le atribuye una propiedad que no es intrínseca a la cosa.

[18] En nuestro sofisticado sistema de intercambios, en el que el valor se expresa mediante el valor de cambio, el dinero, medio de cambio universal, se convierte en medida del valor. Esta tendencia habitual exigida para la mayor flexibilidad de los intercambios, tiene el peli­gro, si no se está sobre aviso, de fomentar el vicio mental de pensar tan sólo en términos de dinero y de abstraer, por lo tanto, el valor de las mismas realidades materiales. En lugar de mirar la realidad en términos concretos, se separa el valor de ella para juntado con otros valores abstraídos para expresado en términos de dinero. Resulta contraproducente que la propia ciencia económica, que tiene como objeto las realidades materiales y que debería destacar su contribu­ción al valor, contribuya a extender este error, que puede resultar grave en sus consecuencias. El peligro de reducir todo a común de­nominador monetario consiste en que puede hacer olvidar los obstá­culos naturales tanto de la tierra como del trabajo e incluso de los bienes de capital.

 [19] Esas expectativas de humanización que la materia posee han sido realzadas con la inventiva occidental europea a partir del descubri­miento de Watt, en 1769, de la máquina de vapor, que permitió la multiplicación de maquinaria, cada vez más sofisticada, que se nutría de la materia inanimada. Los recursos naturales no biológicos se presentaban como fuentes poderosísimas de energía al servicio de los objetivos humanos. Ese tránsito de las fuerzas biológicas a las físicas ha hecho descubrir el enorme poder encerrado en la nueva pasividad de la materia. Nunca antes se llegó tan lejos en el recono­cimiento y aprovechamiento de las fuerzas liberadas de la materia. La idea humana de la naturaleza experimentaba con ello una decisiva revolución

[20] Tengo sobre mi mesa un reloj digital marca japonesa, color plateado y esfera azul, con correa también plateada, de forma redonda y determinado peso. Pues bien, puedo pensar un reloj digital exactamente igual a éste que tengo sobre mi mesa, del mismo color plateado y esfera azul, con correa también plateada, de la misma forma redonda y del mismo peso, con exactamente los mismos materiales. La diferencia entre ese reloj pensado, exactamente igual, y el que tengo encima de mi mesa es su realidad, su ser. Esa realidad no se la puede dar el hombre. El hombre se encuentra con esa realidad en los recursos naturales. Éstos le son imprescindibles.

[21] Por la importancia que la tierra tiene como causa material pasiva del valor económico es por lo que abogamos por un cuidado especial de esa riqueza inconmensurable, gratuita y pasiva que alocadamente podemos desmejorar e incluso destruir haciendo un uso pernicioso de esa pasividad. 8

[22] Es conveniente plantearse, con serenidad lógica, los errores de enfoque en el tratamiento de la causa material del valor, de forma que pueda ser proyectada la continuidad a largo plazo del incremen­to humano de la riqueza material, sin incurrir en absurdos. Las solu­ciones apuntan, incluso, hacia un nuevo estilo de vida, con métodos renovados de producción y modelos diferentes de consumo orienta­dos hacia la permanencia, en lugar de estar en continua tensión bus­cando el espejismo de lo efímero.

REDES Y PRODUCTIVIDAD EN LA NATURALEZA

ÍNDICE

1.- Sobre la naturaleza de la riqueza y de la pobreza.

2.- La Tierra como factor productivo fundante del valor económico.

3.- La riqueza de la variedad inmensa del Universo.

4.- Complementariedad de esa inmensa variedad.

5.- Competencia en la potencialidad complementaria de la Naturaleza.

6.- La productividad del mestizaje natural en redes múltiples interactuantes.